El frío en nuestros músculos
Publicado el 4 de marzo de 2021
Es frecuente ver durante un partido de fútbol que cuando a un jugador le hacen alguna entrada, este cae al suelo por el impacto y el dolor (normalmente). Seguidamente, su equipo sanitario acude a rociar un spray que lleva un pulverizador de frio y analgésico. Así se le proporciona un efecto inmediato pero de corta duración, es decir, alivia momentáneamente el dolor para poder continuar el partido. Esto se debe a que el frío es uno de los recursos estrella para solventar rápidamente un dolor agudo de carácter muscular, ya sea por una mala caída, un impacto o un desgarro en las fibras. El uso de este agente físico en posibles lesiones corresponde a lo que se conoce como crioterapia, que a su vez comprende el empleo y la aplicación de frío en este tipo de afecciones. Se puede aplicar a través de bolsas de hielo picado, congelados, cold-packs, compresas húmedas, sprays, geles o baños fríos. Es un método que permite el autocuidado y el tratamiento autorregulado debido a su fácil acceso y bajo coste. No resulta ser una terapia de riesgo, sin embargo, una mala aplicación podría empeorar el estado de la estructura dañada. Los efectos fisiológicos que se producen en el organismo al tener contacto con el frio son: Disminución de edema e inflamación. Alivio del dolor a corto plazo. Vasoconstricción. Analgesia por disminución de conducción del estímulo doloroso y tumefacción. Acción diurética. Se suele utilizar en casos como procesos inflamatorios, hemorragias, fiebre, traumatismos agudos de impacto y quemaduras superficiales. Se debe evitar su uso en personas con hipertensión, intolerancia al frio, arterioesclerosis, hipersensibilidad o la pérdida de esta, heridas abiertas o espasmos vasculares, entre otras.
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