Hemos pasado un año

Publicado el 15 de marzo de 2021

Un año... ya ha pasado un año y que bonito poder seguir juntas, luchando, para volver a abrazarnos... ya queda menos. Hoy hemos un acto de celebración por seguir aquí después de un año. Nuestra recepcionista María José nos ha compartido su experiencia y su marido ha compuesto una canción inspirada en nuestros residentes. Mientras escuchábamos la canción hemos puesto nuestras manos en el lienzo del coronavirus, dejando nuestra huella del trabajo realizado... Aquí os dejo las palabras de nuestra querida  María José, bella persona, y su marido, que nos abren su corazoncito para que nos vibre a todas y poco nos libere... Para poder seguir, a veces hay que empezar de nuevo: 12 MARZO 2021 REFLEXIONES En este preciso instante, estoy en el Hospital de San Juan, con mi madre, ya que le están realizando un TAC. Ella tiene 81 años y espero que, dentro de la importancia de la prueba que tiene para ella y para todos nosotros, salga bien y su cáncer esté localizado. Lo más gracioso es que mientras esperábamos se ha reído ella y todas las personas que estaban esperando, también mayores, por supuesto, porque me he quedado encerrada en el aseo. Malditos cerrojos modernos que, durante 20 interminables minutos, me han tenido secuestrada entre un váter y un lavabo. Me lo he tomado con mucha filosofía y además he intentado reírme del momento y de las circunstancias. En ningún momento me he puesto nerviosa, al contrario, he movido a todo el mundo, desde celadores hasta el personal de mantenimiento que como si se tratase del SWAT, han venido a mi rescate y han abierto la dichosa puerta con el cerrojo “de última generación”. La única preocupación real que tenía era que, por pantalla, salieran las iniciales y número de mi madre, ya que la pobre en su época no pudo ir al colegio y con solo 10 años ya estaba trabajando y cuidando de sus hermanos y de su madre. Soy María José Notario (recepcionista de Domusvi El Campello). Hoy también es mi aniversario de boda y cumplimos 33 maravillosos años de casada junto a la persona más importante y la que me ofrece día a día todo el apoyo en todo momento. También tengo dos hijos y como podéis ver, mis ojos se iluminan y cambian de estado cuando me refiero a ellos Lo que voy a tratar de explicar en este breve relato, o no tan breve, tiene mucho que ver con lo que os he contado en este preámbulo y a lo largo del mismo, lo podréis comprobar. Hará más o menos 4 años por las circunstancias de la vida, me quedé sin trabajo y todo el que me conoce sabe que soy puro nervio y no paro de hacer cosas y de emprender proyectos nuevos. ¡Que se lo digan a Juan que es raro el día que va a buscar los tenedores en la cocina y me llama para preguntar donde los he colocado! Me apunté a un curso del Servef con prácticas, conocía Domusvi por mi hermana y pedí hacer las prácticas en esta empresa. A mí me tocó Domusvi Babel, pero tenía una compañera de curso que le tocó Domusvi El Campello. Es una persona encantadora y no tenía coche, por lo que intercambiamos destino y opté por elegir El Campello que, por cercanía, me venía también mucho mejor. De hecho, se ha cumplido que una buena decisión, te abre una puerta que, en un futuro, cambiará tu vida. Esta compañera de curso, continúa trabajando en Domusvi y seguimos en contacto. DOMUSVI, DOMUSVI, hice las prácticas con María (trabajadora social) ya que nuestra María José (trabajadora social) estaba de excedencia. Juan y yo, tenemos especial devoción con la Santa Faz y acudimos allí, a pesar de no ser excesivamente religiosos, para solicitar una “ayudita” y la verdad, que nunca nos ha ido mal, de hecho, nuestra boda fue allí, con la imagen detrás del altar. Y como no, al finalizar las prácticas y descubrir lo maravilloso que era el trabajo y las posibilidades de desarrollarme en él, le pedí que moviera los hilillos…para lograr una plaza. Me llamaron para cubrir vacaciones en Condomina, en recepción. Cuando empecé a trabajar el primer día, me entusiasmó el trabajo y además era un orgullo realizar este trabajo en contacto permanente con personas mayores, nuestros mayores, les ayudas, los animas, les abrazas (vale, ahora no podemos, pero todo se andará) y cuando llegaba a casa, Juan me decía ¿estás cansada?; el sabía que no, no estaba cansada, estaba totalmente realizada, sentía que además de trabajar podía ayudar a los demás. Se terminaron las vacaciones que cubrí y me llamaron para cubrir dos días en El Campello, evidentemente lo acepté ¡claro está! ¡Y ahí empezó todo! Después de esos dos días me volvieron a llamar y hasta el momento en el que puedo afirmar que formo parte de esta plantilla maravillosa en un entorno maravilloso y con personas a las que ayudar maravillosas (nuestros mayores). Hace poco más de un año cuando Laura me envió un mail con unas indicaciones para las visitas familiares que venían al Centro ya que llegó el temido COVID a nuestro país. En el citado mail venía a decir que todo cambiaba a partir de ese momento. He de decir que la determinación de Laura en esta decisión adelantada a otros centros, evitó males mayores que desgraciadamente acontecieron en muchas residencias del país. La cuestión es que todo cambió, nuestros mayores en ese primer momento no entendían nada, decían ¿cómo puede ser que esto esté pasando hoy en día? ¿si nos lavamos más? Tenemos más higiene, nos cambiamos cada día de ropa y ellos lo pensaban porque muchos han vivido los terribles años de posguerra y evidentemente, desde su visión llena de pliegues en la piel y cicatrices, no lo comprendieron. En el primer confinamiento, la soledad y la tristeza se apoderó de todo el centro, no podían ver a su mujer, hijos, nietos, etc. Y evidentemente yo me pongo en la piel de cada uno y me entra un dolor en el estómago que no lo puedo evitar. Hacíamos videoconferencias, los fines de semana me tocaba a mí y tengo que reconocer que era lo que más me gustaba ya que verlos a ellos mirar por una pantallita a sus seres más queridos, me hacían estremecer el corazón y daba lo mejor de mí para que esos breves instantes, fueran inolvidables en sus vidas y por ende en la mía. Pero no lo hacía yo, mis compañeros cada uno en su posición y haciendo de todo en ese momento fueron y son increíbles. Lo he dicho muchas veces, pero lo siento ya que en Domusvi El Campello somos todos una familia, los trabajadores y nuestros mayores son para nosotros como padres o madres. Los queremos. Los tratamos lo mejor que podemos y puedo asegurar que con el trabajo de todos se consiguió un entorno de bienestar dentro de nuestra Residencia y de esos meses, he crecido interiormente y han sido como una Universidad del conocimiento hacia el trabajo en equipo y por un bien común, del cual me enorgullezco desde lo más profundo de mi corazón. Fue un hecho muy a tener en cuenta ya que logramos mantenernos libres del temido contagio durante todo el primer confinamiento y hasta el mes de diciembre. Pero llegó el fatídico mes de diciembre, un día, ese día, estando en recepción, Laura me dijo ¡María José! Te puedes quedar cuando termines el turno ya que tenemos un residente positivo. La mirada de Laura lo decía todo. Esa mañana yo veía a todos mis compañeros nerviosos, no diré nombres, ya que no quiero olvidarme de ninguno, pero aseguro que fueron todos y sus caras cambiaron de repente. Miradas tristes, expresión de preocupación en cada gesto, carreras hacia la primera planta, segunda planta; no pregunté nada pues me gusta la discreción ¡aunque como bien sabéis, a veces me la salto y pregunto! Cuando Laura se marchó hacia enfermería tuve que asimilarlo, sentí una tristeza tan grande que no lo podía entender ¡a nosotros! Si a nosotros nos acababa de llegar el dichoso COVID entró y llego para quedarse un corto, pero infinito espacio de tiempo. ¡y encima cuando nos iban a vacunar a todos! Ese mismo día todos, pero cuando digo todos, es todos nos quedamos para cambiarlo todo de sitio y adaptar nuestra maravillosa residencia a la nueva situación. Recuerdo que le comenté a nuestra Psicóloga Conchi, que yo no estaba bien y me costaba asimilar la situación y ella que es muy grande me dijo -María José lo primero que tienes que hacer es aceptar la situación y después actuar y hacer todo lo que puedas ¡Gracias Conchi por tu corazón y por ser como eres! De hecho, en alguna ocasión, no sé si lo recuerdas, pero me has dado consejos que me han ayudado muchísimo. Gracias de nuevo por ser como eres y no cambies nunca. Ese día salimos tarde, habilitamos la sala de la tasoc, pelu, gimnasio, etc. Para bajar a algunos de nuestros mayores, haciendo siempre lo correcto y guiados por un grandísimo equipo. Aprovecho esta circunstancia y este recuerdo para volver a incidir en que no he visto a compañeros tan comprometidos como los míos, adoramos nuestro trabajo, para muchos de nosotros no es trabajo es darlo todo por ellos que lo son todos para nosotros. NUESTROS MAYORES. Los días siguientes fueron duros, muy duros, pues crecían los casos y algunos de nuestros mayores no pudieron superar la enfermedad, tampoco quiero decir nombres ya que no quisiera olvidarme de ninguno. Tengo tantos recuerdos de cada uno de ellos que ay, me duele en el alma pensarlo, y las familias ¡ay las familias! ¡Hijos, hermanos y nosotros llamamos a todos! Para informarles, para que dentro de una situación tan angustiosa ellos siempre estuvieran informados, para nosotros era una prioridad. Días tristes muy tristes. Recuerdo que un día entré en turno y vi a algunos de nuestros mayores en la cama, todo el centro, desangelado como a veces he oído decir a Irina nuestra Super, no pude evitar que unas lágrimas descendieran por mi cara y pudiesen conmigo, en ese momento Laura me preguntó ¿qué te pasa? Y le dije nada Laura, que esto me ha superado. En resumen, dos meses más o menos, los más tristes que hemos vivido, puedo asegurar que, durante este tiempo, todos hemos ayudado, dentro de nuestras posibilidades en lo que hemos podido. Había compañeras que no comían, estaban todo el día al pie del cañón, cuando se marchaban a casa y me decían me voy, sus caras, gestos y formas de mirarme, reflejaban el cansancio en ocasiones extremo y especialmente la impotencia de ver que no podían hacer nada más para remediar esta maldita situación. Pero me dejaban a mí también con esa sensación, aunque todos estábamos seguros de haber hecho todo lo mejor posible, sin dejar ningún cabo suelto, quiero decir que sus conciencias “que es lo más importante” estaban tranquilas de haber hecho todo lo posible por facilitar la vida en el interior de nuestra “Residencia”. Llegaron las vacunas, por fin un hilo de esperanza se divisaba en el horizonte, la zona gris se tornaba más azul. Pero como bien dijo nuestro querido poeta “Antonio Machado”, todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, un día mi querida compi del alma MAR me envió un wasap que no leí Ese día, entré y vi el Salón y comprobé que volvía a ser el Salón, con sus mesas, sus sillas, su televisión, etc. El centro de día ¡QUE BONITO ERA TODO! La sombra dura lo que la luz consiente y me encantó como lo dejaron. No me lo podía creer, volvíamos a ser lo que éramos. ¡Ya queda menos! Ese wasap de Mar decía no te diré nada, pero te espera una sorpresa cuando llegues al centro. Ella me conoce y sabe de sobra que tenía muchas ganas, como todos, de volver a una nueva normalidad. Ella me conoce mucho y aprovecho este relato para decir que jamás he trabajado con una compañera de fatigas como Mar. Y como no puede ser de otra manera, empezamos, empezaron nuestros mayore, nuestros reyes a poder salir de las habitaciones con cuidado y separaditos, claro está. No nos tenemos que relajar. Pero volvía la gimnasia y que alegría ver a Desi, nuestra fisio con ellos en el jardín haciendo ejercicios. ¡qué alegría! Y digo, decimos todos QUÉ ALEGRÍA POR ELLOS, SIEMPRE POR ELLOS PORQUE SON NUESTRA RAZÓN DE SER. Y ya termino, espero que no os haya aburrido, pues como dije que no soy una profesional de la escritura, solo he intentado cerrar los ojos, abrir mi mente, desplegar todos mis recuerdos y sentimientos y reflejarlos en estas palabras. Gracias, muchas gracias a la Empresa Domusvi y a la persona que creyó en mi para este puesto, que es sin duda el mejor que he tenido y que seguro tendré. Gracias Juan por tu comprensión, ya que prácticamente no nos vemos, pero siempre sacaré lo mejor “más vale que me eches de menos que de más” Y por último termino diciendo con palabras muy altas y claras que la Empresa Domusvi y concretamente “el equipo humano de este centro de El Campello, ha sabido estar a la altura de las circunstancias en todo momento en una de las peores etapas de la historia reciente y me ha ofrecido una de las mejores vivencias y experiencias de mi vida. No soy perfecta ni quiero serlo. Esta canción la compuso Juan en honor a nuestros mayores PLIEGUES Pliegues en tu piel, reflejo dorado Reflejo dorado, pliegues en tu piel Años robados, cortos, añorados Injusto final de un film acortado Censor oculto que araña los pliegues Los pliegues arañan el censor desarmado Siguen marcando pliegues en tu piel Octogenaria generación de un milenio agotado Porqué has llegado arrasando sus ojos Arrasando los pliegues de sus párpados mojados Provocan en mi interior una rabia infinita Aparecen en tu mirada, esos pliegues desarmados Siglo XXI, que entraste con firmeza Dejando un siglo XX cuya generación lo dio todo Un siglo XX de guerras, hambre y exterminio Y que pliegues en su piel, han marcado Qué injusto final para aquellos Que, con su esfuerzo, un futuro levantó Qué incluso en la crisis del XXI, se esforzaron En ayudar a las nuevas generaciones Y ahora que es cuando más nos necesitan Sus pliegues solitarios se amargan en la habitación Acuñando en su faz una mirada ausente De pliegues en los párpados mojados Pliegues en tu piel, reflejo dorado Reflejo dorado, pliegues en tu piel

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