El alzheimer se caracteriza por 4 fases de la enfermedad. Sus síntomas más cambian y es importante reconocer los síntomas de la primera fase. Lo analizamos aquí.
4 minPublicado el 20 de septiembre de 2024
El alzhéimer es una enfermedad neurodegenerativa y la forma más común de demencia, que afecta a la memoria, a la forma pensar y a la manera de comportarse.
Las cuatro fases del alzhéimer
Por lo general, su evolución es lenta y progresiva, y sus síntomas pueden incluir pérdida de memoria, confusión, cambios en el estado de ánimo y dificultades para realizar tareas cotidianas.
Aunque se trata de un proceso individual y no todas las personas experimentan las etapas de la misma manera, en general se reconocen cuatro principales fases.
Fase 1: De la normalidad a deterioro cognitivo
Existe un deterioro sutil relacionado con la atención y la memoria, propio del envejecimiento, como la dificultad para encontrar palabras… En esta fase la enfermedad no está diagnosticada y la persona sigue llevando una vida normal.
Es conveniente cuidar el cerebro con actividades que lo mantengan activo: gimnasia cerebral, juegos de memoria, crucigramas, sudokus, sopa de letras… para ralentizar el avance a la siguiente fase.
Desde esta fase a la siguiente pueden llegar a pasar hasta 10 años.
Fase 2: Demencia leve a demencia moderada
Se mantiene la capacidad de conversar, de comprensión y de los aspectos sociales de la comunicación (gestos, entonación, expresión y actitudes), en esta fase la percepción del entorno se ve disminuida, también se ve afectada la memoria referente al tiempo y el espacio.
Como consecuencia, se detectan déficits en la capacidad de aprendizaje y en la memoria, especialmente de hechos recientes, como no recordar que ya comió u olvidar la conversación que tuvo lugar minutos antes. Además, se empieza a sufrir desorientación: no se reconoce bien el lugar donde está, no se recuerda cómo llegar a las tiendas que siempre se han frecuentado, qué dirección tomar para ir al banco o qué camino tomar para regresar a casa, no se recuerda el día/mes en que se vive y ni la hora (pensar que es de día cuando es de noche o viceversa).
Del mismo modo, aparece una disminución en la concentración y una fatiga cada vez más notoria, junto a la alteración del pensamiento abstracto (habilidad para manejar y comprender ideas complejas…)
Todos estos cambios en las funciones cognitivas superiores repercuten a nivel emocional, así, se presentan cambios de humor y síntomas de depresión (apatía, pérdida de iniciativa y falta de interés), inquietud y muestras de agitación y ansiedad, estos últimos se manifiestan habitualmente al atardecer o durante la noche.
Los déficits son evidentes para el entorno laboral, social y familiar, y es en esta fase de demencia leve cuando se diagnóstica la enfermedad.
Fase 3: Demencia moderada a moderadamente grave
La pérdida cognitiva y los cambios emociones se acentúan y son mucho más evidentes. Esta fase se caracteriza por un déficit de las funciones cognitivas (desorientación espacial y Necesidad constante de ayuda
temporal, fallo de muchos de los aspectos relacionados con la memoria, incluso la memoria autobiográfica, dificultad de comprensión, dificultad para conversar…) que a menudo se acompañan de anosognosia (negación de fallos de memoria) y de la incapacidad para realizar actividades diarias antes realizaba de forma autónoma.
Empiezan a aparecer problemas en el lenguaje (afasia), como dificultad para hablar, expresarse y darse a entender; en las funciones aprendidas (apraxia), como no saber cómo vestirse, cómo utilizar los cubiertos; y en el reconocimiento (agnosia) de las personas con las que convive. Así, aunque reconozca ambientes familiares y conserve la orientación persona (nombre, edad…) los desaciertos cada vez son más frecuentes.
A nivel emocional existe una represión de las emociones cada vez es mayor y pueden darse con más frecuencia síntomas psicóticos, como delirios y alucinaciones que le provocan una gran inquietud (ve personas que no existen, escucha ruidos que nadie oye…), agresividad o apatía (las aficiones que tenía, las actividades sociales, de ocio y de recreo pierden totalmente su valor, se muestra aburrido, flojo, apático o somnoliento).
En la fase más aguda de esta etapa se empiezan a hacer acciones repetitivas que rallan lo obsesivo (vagabundear por la casa, ordenar cosas…) y desaparece la capacidad para el pensamiento abstracto y la habilidad para realizar operaciones de cálculo.
La dependencia con respecto a un cuidador es cada vez mayor.
Fase 4: Demencia severa o grave
El deterioro cognitivo y comportamental es severo. La persona es incapaz de valerse por sí misma, requiere cuidados y supervisión constante. Se presentan signos y síntoma neurológicos severos (reflejos patológicos de succión, prensión, búsqueda, etc.) y la pérdida de control de esfínteres, que generalmente le limitan a la persona a la silla y a la cama.
Durante todo el proceso de la enfermedad de Alzheimer, es importante conseguir funcionalidad a nivel cognitivo, emocional y físico, con programas de estimulación cognitiva global individualizados, para ralentizar el avance de la enfermedad y mejorar la calidad de vida tanto de la persona que padece la enfermedad como la de su familiar-cuidador.
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