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Las virtudes de un/a buen/a cuidador/a

El 5 de noviembre es el Día Internacional de las Personas Cuidadoras, una fecha con un significado especial para todas las personas que trabajamos en el cuidado de los demás. Quiénes son estos profesionales y qué hacen son preguntas que nos podemos plantear puesto que “cuidar” es una palabra ambigua que encierra muchos matices.

Es un término que proviene del latín cogitare y cuyo significado es «pensar», por lo tanto se trata de poner atención en algo o en alguien. Las raíces de la palabra “cuidar” las podemos encontrar tanto en la literatura como en la mitología y filosofía antigua. En escritos de la antigua Roma ya se daba una utilización ambigua del término cura (cuidar) en sus dos significados fundamentales y opuestos. Por un lado, significaba preocupación, angustia o ansiedad –es decir, concebían el cuidar como una carga- pero, por otro lado, también aludía a proporcionar atención a los otros pero con una connotación positiva, como una atenta diligencia o dedicación.

Cuidar del otro -según Milton Mayeroff, filósofo norteamericano- es ayudarle a crecer, tanto si este otro es una persona, una idea, un ideal, un trabajo de arte o una comunidad. Ayudar a otras personas a crecer también representa animarlos y asistirlos para que puedan ser cuidados por alguna cosa o por otra persona aparte de nosotros mismos.

En boca de Florence Nightingale -considerada como una de las pioneras en la práctica de la enfermería-, a estas actividades realizadas para cubrir las necesidades de salud de la vida cotidiana de las personas sanas o enfermas las llamamos cuidados, ya sean autocuidados cotidianos, cuidados enfermeros o simplemente cuidados. Desde una perspectiva antropológica siempre están presente. Desde los orígenes de la humanidad los cuidados están relacionados con la protección de la salud. Probablemente sean el factor esencial que más asistió al hombre en su evolución cultural aunque sea uno de los elementos de menor consideración social.

Más que un acto puntual -según Leonardo Boff, teólogo y filósofo- cuidar es un movimiento concreto o un gesto esporádico, es una actitud de ocupación, de preocupación y de responsabilidad. Consiste en envolver afectivamente al otro, ponerse a resguardo del mundo. Cuidar es y seguirá siendo indispensable para la vida. Cuidar está en la concepción del ser y acompaña a todo su desarrollo hasta la muerte. Cuidar es un acto de vida, cuyo objeto no es otro que permitir que la vida continúe y se desarrolle, una lucha contra el sufrimiento y contra la muerte.

No hay que olvidar que en el cuidado entran en juego dos personas, por lo tanto, dos mentes, dos cuerpos…y puede haber un conflicto; por ello es necesario que el/la cuidador/a tenga unas virtudes determinadas que pueden resumirse en los siguientes puntos:

  • Respeto: consiste en mantener la distancia adecuada, no invadir su privacidad pero tampoco mantenerse indiferente. Es la atenta mirada. Es respetuoso/a quien mantiene la privacidad del otro, quien se mantiene cerca sin ser invasivo.
  • Amabilidad: se traduce en una serie de gestos y palabras concretas que hacen posible una mejor gestión de los rituales cotidianos.
  • Alegría: es un valor en el profesional ya que trasmite anhelo de vivir e irradia fuerza. El deterioro cognitivo y la pérdida de autonomía conllevan un estado de ánimo bajo, por eso se valora al profesional alegre.
  • Paciencia: es la habilidad de captar el ritmo del otro y actuar conforme a sus necesidades y posibilidades. Una persona paciente se pones al nivel del otro.
  • Comprensión: no es identificación pero contribuye al proceso fundamental para captar al otro en su circunstancia vital y poder intervenir teniendo en cuenta el contexto que le rodea. La comprensión necesita escucha e inteligencia, pero sobre todo no juzgar. La persona que comprende intenta buscar soluciones adecuadas.
  • Responsabilidad: es la capacidad de compromiso y cuidado de una persona. Consiste en responder a las necesidades, a dar una solución efectiva y competente a la fragilidad del otro. Hay responsabilidad profesional y natural, ésta última es la que va unida al hecho de ser persona. La responsabilidad debe ser total.
  • Escucha: es la atención, la disponibilidad y la base de la comunicación. Las personas en situación de dependencia tienen necesidad de expresar sus sentimientos y pensamientos. La escucha es la base para comprender cuál es el estado interior de la persona cuidada y para determinar cuál es la información significativa para actuar y comprender.
  • Confianza: es una virtud esencial. Confiar significa tener fe, racional y fundada. Si no se confía en el profesional es muy difícil la relación de ayuda. La confianza no se regala, hay que ganarla.
  • Empatía: Es la capacidad de ponerse en la piel del otro, de compartir su estado de ánimo para poder intervenir de la manera más eficaz. Es la virtud necesaria para practicar el cuidar, pues sólo el que presta atención a los sentimientos ajenos y les da valor los toma como propios, los experimenta en su propio ser, siente el deber de intervenir y actuar para buscar bienestar.
  • Veracidad: consiste en buscar, pensar, decir y practicar la verdad. La mentira crea barreras.
  • Confidencialidad: capacidad de guardar con firmeza y seguridad la información que confiadamente la persona ha revelado al profesional.
  • Tolerancia: el/la cuidador/a tiene que ser tolerante con la persona cuidada pero no puede ser permisivo, esto sería irresponsabilidad. Es saber que no se tiene la verdad absoluta.
  • Prudencia: es la intuición que nos capacita a para actuar correctamente en situaciones difíciles. Se es prudente cuando no se excede en el hablar, cuando se dice lo correcto en el momento oportuno.
  • Humildad: es lo que nos inclina a no sentirnos por encima de los demás. Es el conocimiento de los propios límites. El cuidador humilde es capaz de aprender, de escuchar, de estar atento a demandas y peticiones. La arrogancia es lo contrario a la humildad.

Entre todas estas virtudes del/la cuidador/a, quiero destacar la capacidad de darnos cuenta de que al cuidar estamos invadiendo la intimidad del otro, pisando un terreno sagrado; estamos formando parte de algo tan íntimo como es reconocer nuestra propia vulnerabilidad.

Cuidar es un arte, es un don. En DomusVi trabajamos más de 16.500 cuidadores/a englobados en categorías como auxiliares y gerocultoras. Agradecemos su gran trabajo, su dedicación, su respeto y su delicadeza. Sin ellos/as, sin sus atenciones y cuidados continuos nada sería posible y nada sería igual. Gracias por un trabajo diario, que dignifica y engrandece.

Artículo de opinión: Nieves Campos, directora del Departamento Técnico Asistencial de DomusVi