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13 Jul 2021 | Noticias

Camino a los cien… una vida de experiencias

“El tiempo que se disfruta, es el tiempo verdaderamente vivido“

 En los últimos tiempos todos hemos vivido momentos difíciles en los que, sin duda, de una forma u otra, nos ha cambiado la manera de ver el mundo. Hemos visto como de la noche a la mañana todos nuestros planes, nuestras costumbres y nuestra forma de vida se veía afectada. Hemos tenido que ver como lo que antes dábamos por sentado, de un día a otro se convertía en un lujo. Poder ver o abrazar a nuestros seres queridos, pasaba a formar parte de un anhelo cubierto de miedo por querer protegerles.

Sin duda, las personas mayores, han sido los más afectados en estos tiempos, y por ello, desde el Servicio de Teleasistencia de DomusVi, queremos rendirles homenaje, porque gracias a ellos aprendemos la lucha, la valentía y la superación en su día a día.

Hoy queremos hablarles de Dña. Elena del Agua, usuaria del Servicio de Teleasistencia del Ayuntamiento de Alcobendas. Una mujer, que con sus 99 años, o mejor dicho “sus 100 menos uno”, como a ella le gusta decir, es una inyección de positivismo y energía.

La Coordinadora de referencia, Doña Jesica Gil,  ha tenido la gran suerte de poder hacerle una entrevista, donde no solo ha podido conocer su pasado sino que también ha podido disfrutar de su actual situación junto a su familia. Doña Elena tras haber vivido tantas experiencias y haber conseguido sobrevivir a dos guerras, una epidemia y una pandemia, disfruta de la compañía de su hija, sus nietos y su pequeño bisnieto.

Sus padres se fueron a Francia en el año 1916, donde nació Dña. Elena hace 99 años. Vivió una infancia y juventud muy feliz allí, pero también pasó por una de sus peores experiencias. Siendo muy pequeña, se vió afectada por una epidemia de escarlatina, que la tuvo en cama durante tres meses. Esa fue la primera de sus batallas, donde tuvo que demostrar todas sus fuerzas para agarrarse a la vida, cuando muchos niños, según nos cuenta, en aquellos años, no pudieron salir adelante.

Años después, en 1942, junto con sus padres y uno de sus hermanos, viajaba a España, escapando de los ataques alemanes e ingleses que sufría el país durante la 2ª Guerra Mundial, comenzando su nueva vida en un país devastado por su propia Guerra Civil. Se instalaron en Bilbao y allí conoció al que después fue su marido, su compañero de vida y el padre de su hija. Él, químico de profesión, viajó por todo el mundo, y en palabras de su mujer fue un hombre maravilloso. Siempre le decía a su mujer que debía escribir sobre su vida, pero ella siempre respondía “quién querría leer sobre mí”. Para Jesica, es un verdadero placer poder contribuir, aunque sea en una ínfima parte, a este deseo de aquel hombre que le robó tantas sonrisas.

En el año 1972 se traslada a Madrid junto con su esposo y su hija. Aquí vivirá el nacimiento de sus nietos y disfrutará del crecimiento de la familia.

Dña. Elena, no solo cuenta con esta vida plena familiar, sino que, además, siendo una mujer pionera para su época, conoce varios idiomas, como inglés, francés y alemán, y esto le ha permitido hacer sus pinitos dando clases o traduciendo textos.

Otro duro golpe les sobrevino con el fallecimiento de su yerno hace 18 años, acompañado, solo un año después, de la pérdida de su propio marido. Madre e hija, desde entonces, emprendieron un nuevo camino juntas, mano a mano, como madre e hija, como amigas, como compañeras.

Durante todos estos años, doña Elena ha vivido muchos cambios, que hacen que hoy por hoy sea la mujer que es. Cuando Jesica le pregunta por las diferencias que ve, la cuenta que hasta las novias se ven diferentes. Ella se casó con traje de chaqueta azul marino, porque “hija, antes lo del blanco no se llevaba”.

Ha llevado una vida plena y autónoma hasta la fecha de hoy, y cuando la pregunta por el secreto para llegar a su edad, le dice “no puedo decirte… ¡hasta yo estoy sorprendida! Me encuentro muy bien, como si tuviese solo 80”. Y es cierto, que tras haber sufrido un ICTUS hace siete años, volvió a demostrar la fuerza que le caracteriza y le honra.

Ambas disfrutan de la tranquilidad que les da tener el Servicio de Teleasistencia, que supone una parte importante para poder vivir las dos en casa.

Gracias madre e hija por dejarnos conoceros, y por mostraros tan amables y agradecidas desde el primer día. Compartimos, como bien dice Elena, que el día que todo se calme y puedan verse y conocerse en persona, será mucho mejor.

Jesica nos traslada: “He aprendido mucho de Dña. Elena, he entendido que cada batalla te hace más fuerte, que cada bache te enseña un nuevo camino y que cada día es una nueva oportunidad para llenarlo de alegría.”

En dos palabras, resumiendo lo que aprendemos de la vida… que sigue.

 

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