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16-02-2016



Publicado el 16 febrero, 2016 - 15:02h

Tras este folklórico título se esconde un sentimiento que sin duda aflora a nuestro corazón cuando trabajamos con nuestros mayores.

En muchas ocasiones la fisioterapia está íntimamente ligada al dolor, al esfuerzo y la monotonía. Sensaciones que experimenta el paciente y de las que somos conscientes.

Dolor porque, por ejemplo, el miembro a tratar ha sido intervenido quirúrgicamente hace poco y las movilizaciones resultan dolorosas.

Esfuerzo porque es necesario para llevar a buen fin una rehabilitación.

Y monotonía porque la repetición de los ejercicios es la mejor manera de recuperar masa y potencia muscular y esto resulta pesado.

Todo esto “lo peleamos”, “lo negociamos” día a día y en ocasiones se crean “conflictos” derivados de nuestro trabajo. Por eso es tan importante tener “mano izquierda” y entre serie y serie de ejercicios se intercalan chistes, anécdotas de infancia y juventud, pedirles algún que otro consejo… en definitiva estrechar lazos. Porque no debemos olvidar que somos “PERSONAS QUE CUIDAMOS DE PERSONAS”.

Por eso después de cada sesión en lo más hondo de nuestras almas nos decimos, ellos a mí (con sus “gracias por todo”) y yo a ellos (con mi abrazo, mi beso, mi refuerzo positivo, lo que aquella bonita copla:

 

”…Y sin embargo, te quiero.”

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