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ENERO 2018



Publicado el 09 enero, 2018 - 11:44h

La Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) es una enfermedad neuromuscular que cursa con una degeneración selectiva de las motoneuronas , las encargadas de innervar los músculos implicados en el movimiento voluntario.

¿Por qué este nombre, qué significa? el término “esclerosis lateral” hace referencia a la afectación de las fibras nerviosas de la parte lateral de la médula espinal así como a la gliosis (proliferación de astrócitos, un tipo de célula glial) que se da y el de “amiotrófica” a la atrofia muscular que se produce cuando los músculos dejan de recibir señales nerviosas.

La consecuencia es una debilidad muscular progresiva que avanza hacia la parálisis total del enfermo viéndose afectadas también la capacidad de hablar, masticar, tragar y respirar. Por otro lado funciones como la sensibilidad y la inteligencia no se ven afectados y tampoco los movimientos oculares ya que se trata motoneuronas que poseen más resistencia.

Cuando un paciente con Esclerosis Lateral Amiotrófica acude a nuestra consulta de fisioterapia, debemos de establecer primeramente las diferentes etapas del proceso de atención fisioterápica:

Examen y evaluación

Valoraremos las disfunciones que presenta el paciente y que pueden ser susceptibles de ser abordadas mediante el tratamiento fisioterápico (debilidad muscular, limitación de movilidad, marcha, espasticidad, etc.), atendiendo también a los informes de otros entornos sanitarios que ya hayan evaluado al paciente.

Diagnóstico de fisioterapia.

Pronóstico:

Es importante que atendamos al pronóstico que tiene el paciente, y los períodos en los que buscamos conseguir los objetivos del tratamiento. Pondremos el común los objetivos que buscamos conseguir con el paciente y las personas al cargo del mismo, atendiendo también a las necesidades que ellos nos presenten y sean abordables (por ejemplo, la mejora de las transferencias para no sobrecargar físicamente a un familiar).

Intervención de fisioterapia.

Objetivos de fisioterapia:

Los objetivos de la intervención fisioterápica serán:

Mejorar y/o recuperar los trastornos sensitivos y motores:

Normalizar el tono muscular, postural y la sensibilidad.

Prevenir contracturas y/o deformidades.

Facilitar las transferencias.

Facilitar patrones funcionales de los miembros y tronco.

Disminuir disfunciones orofaciales (en colaboración con logopeda).

Facilitar actividades bimanuales (en colaboración con el terapeuta ocupacional).

Mejorar y/o recuperar los trastornos neuropsicológicos:

Atender y trabajar en las sesiones posibles alteraciones de atención y memoria.

  • Desarrollar actividades que intervengan sobre la orientación temporo-espacial y esquema corporal.
  • Mejorar y/o recuperar trastornos emocionales como la depresión mediante actividades terapéuticas lúdicas para el paciente.

 

Técnicas de fisioterapia en la ELA

Es importante que enfoquemos el tratamiento de fisioterapia atendiendo a los objetivos que buscamos conseguir con el paciente, y siempre enfocándolo a las alteraciones propias de cada uno.

Los fisioterapeutas principalmente nos vamos a centrar en el objetivo de mejorar y/o recuperar los trastornos sensitivos y motores, e intentaremos que en desarrollo de las terapias para lograr éste se incluyan aspectos que aborden también los aspectos neuropsicológicos.

Para ello tenemos multitud de técnicas, pero nos vamos a centrar en las siguientes:

  • Cinesiterapia/hidrocinesiterapia:

Dependiendo de la fase en la que se encuentre el paciente utilizaremos las diferentes técnicas de cinesiterapia (pasiva, activo-asistida, activa o forzada), favoreciendo siempre la cinesiterapia activa o activo-asistida para lograr una mayor autonomía. Con ella buscamos mejorar la movilidad, el tono muscular y prevenir las deformaciones articulares, entre otros.

Podremos ayudarnos del medio acuático en todo momento, que facilitará algunos movimientos y ayudará a favorecer los que vayan en contra de la fuerza de empuje, combinando así ejercicio aeróbico y de fuerza, y resultando más lúdico para el paciente en la mayoría de las ocasiones.

  • Estiramientos:

Se utilizarán para la flexibilización y movilización de los segmentos corporales, así como para el estiramiento de los músculos que presenten mayores grados de espasticidad.

  • Termoterapia:

Crioterapia: para disminución de la espasticidad, efecto antiinflamatorio o antiálgico.

Calor: aumento de la circulación, antiespasmódico, relajante, y antiálgico (sobre todo en fases más avanzadas).

  • Masoterapia:

Tendrá múltiples efectos, por ello podremos aplicar diferentes técnicas con la finalidad de facilitar la circulación de retorno venoso, disminuir la excitabilidad muscular o incluso inducir un efecto relajante y sedativo en aquellos casos de nerviosismo habitual. Es habitual incorporar las técnicas de relajación progresiva o la autorrelajación de Schultz en los casos de nerviosismo, para así tranquilizar al paciente tanto psíquica como físicamente.

  • Ejercicio aeróbico de bajo impacto:

Es importante que abordemos con el paciente el trabajo de ejercicio aeróbico, buscando siempre una mejora de la fatiga a la vez que tenemos en cuenta la misma. De esta forma buscamos que el paciente trabaje actividades como la marcha, la natación o andar en bicicleta, que además de mejorar su función pulmonar, aumentan su fuerza muscular (principalmente en los músculos no afectados), mejora la salud cardiovascular y mejora los trastornos emocionales como la ansiedad o la depresión.

  • Equilibrio y coordinación:

Estos dos aspectos se verán muy alterados en los pacientes con ELA, por lo que debemos de atender al abordaje de éstos en diferentes entornos y situaciones. Por ello, realizaremos ejercicios de equilibrio de brazos y piernas, bimanuales, con ojos abiertos y cerrados, sobre superficies estables e inestables, todo ello con la finalidad de que el paciente pueda desarrollarse correctamente en tu entorno. Será importante realizar alguna sesión de tratamiento de equilibrio y coordinación en su entorno, atendiendo a los diferentes estímulos que presenta en éste y que le resultan más dificultosos para  su día a día, abordándolos así de forma más directa.

  • Fisioterapia respiratoria:

Las alteraciones respiratorias son las que más complicaciones provocan en el paciente con ELA, ya que debido a la progresión propia de la enfermedad, el sistema respiratorio tiene un déficit inicialmente restrictivo, que con la evolución combina un proceso obstructivo debido al acumulo de secreciones o infecciones respiratorias de repetición.

En fases iniciales haremos una educación respiratoria del paciente, le explicaremos las complicaciones respiratorias propias de la enfermedad en el desarrollo propio de ésta, y abordaremos aspectos como la correcta respiración diafragmática, insistir en respiración naso-nasal, enseñar técnicas de drenaje de secreciones de vías aéreas, ejercicios de relajación para normalizar la frecuencia respiratoria, ejercicios de flexibilización de la caja torácica y aumento de la capacidad pulmonar (mediante ejercicio aeróbico y uso del incentivador). También será nuestra función insistir sobre una correcta hidratación y educar al paciente para realizar periódicamente limpiezas nasales con suero fisiológico ante la posible presencia de secreciones en vías aéreas altas

Cuando se manifiesten las alteraciones respiratorias donde la colaboración del paciente sea más limitada, hemos de abordar el drenaje de secreciones para prevenir complicaciones serias como son las bronquitis o neumonías de repetición, y buscaremos mejorar la función pulmonar en la medida de lo posible manteniendo flexible la caja torácica y haciendo periódicamente sesiones de drenaje de vías aérea.

 

 

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