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09/02/2016



Publicado el 09 febrero, 2016 - 14:51h

En nuestras residencias el objetivo principal cuando un residente ha sufrido una lesión que le ha mantenido algún tiempo si ponerse en pie, es precisamente este “La bipedestación y  la marcha”.

El ser humano, anatómicamente, está diseñado para poder realizar largas caminatas; por eso posee unos miembros inferiores tan fuertes. Además la postura natural para los desplazamientos es la bipedestación.

La bipedestación además consigue que funcionen mejor órganos tan importantes como los riñones, los pulmones, el corazón,…Reduce patologías derivadas del sedentarismo

También desde el punto de vista psicológico la vuelta a ponerse en pie y el posterior inicio de la marcha refuerza la autoestima de todas las personas y en el caso que nos ocupa la de nuestros residentes.

El volver a caminar devuelve la confianza en uno mismo, ya que no hace autosuficientes para muchas actividades de la vida diaria. El podernos levantar de un sillón y caminar nos permite: ir al baño sin ayuda, dar un paseo por los jardines del centro, en definitiva no necesitar a nadie para movernos.

Pero…¿cómo se consigue esto? Sin ninguna duda el fisioterapeuta juega un papel esencial en todo este proceso. Para ello utiliza toda su ciencia en favor del cumplimiento de este objetivo.

Un aumento de la potencia muscular tanto de brazos como de piernas nos va a preparar para ese “gran momento”. Para ello utilizaremos tablas de ejercicios de potenciación muscular.

Una vez conseguida la potencia muscular necesaria, nuestro residente empezará a ponerse en pie en espalderas, los primeros días con nuestra ayuda para posteriormente hacerlo sin ayuda. Esta primera fase es muy importante ya que es la primera vez que se enfrenta cara a cara a su gran miedo “la caída”. Este miedo es mucho mayor en aquellos que tras una caída se vieron tan incapacitados.

Pasada esta primera fase pasamos a lo que llamamos “carga progresiva”. Consiste en ir aumentando paulatinamente la carga en ambas piernas.

Lo siguiente sería la reeducación de la marcha en paralelas. Este paso es muy motivador ya que el paciente ve como empieza a caminar. En esta fase también hay mucho miedo a la caída, por eso el fisioterapeuta supervisa el ejercicio continuamente.

Una vez que nuestro residente ha dominado bien este proceso y camina sin descanso durante varios minutos pasamos a la marcha con andador. Sin duda es el preámbulo a la autosuficiencia del paciente.

Posteriormente se evalúa si es posible la marcha con dos muletas, con una, con bastón. Para ello tenemos en cuenta factores como el estado físico general, su estado cognitivo y uno muy importante que sería la seguridad que siente el residente. Si se siente más seguro con andador que con muletas pues se aconseja que siempre camine con él y si quiere progresar se anima a ello.

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