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22/09/17



Publicado el 22 septiembre, 2017 - 10:44h

Cuando una persona es diagnosticada con una enfermedad de difícil curación, una de las reacciones emocionales más comunes es sentir miedo. Pero, ¿quién no lo ha sentido alguna vez? Se explica muy bien su funcionamiento en la película Inside Out. Es un sentimiento inherente al ser humano y se activa cuando la persona siente amenazada su vida, su autoestima, seguridad o autoconcepto.

Dentro del ámbito de intervención de la enfermedad avanzada, los familiares de los pacientes que atendemos muestran algunos miedos de forma más recurrente, a saber:

  • Que el enfermo no vaya a recibir la atención adecuada.
  • Hablar de la enfermedad.
  • Que el enfermo adivine que se muere.
  • Que ellos mismos traicionen el pacto de silencio.
  • A estar solos con el enfermo en el momento de la muerte.
  • A no estar presentes cuando muera.
  • A no saber identificar la muerte.
  • A la soledad después de la muerte.

El trabajo del profesional que los atiende, debería ir encaminado a apoyarles de forma empática para que la gestión del miedo sea lo más adecuada: profundizar en ellos hasta llegar a su base/origen, ofrecer apoyo e información, desmontar creencias erróneas y activar los recursos personales o de otro tipo que le permitan afrontar todo el proceso de enfermedad.

 

Paqui Sierra.

Trabajadora social EAPS Sevilla.

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