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04 de Julio de 2017



Publicado el 04 julio, 2017 - 13:28h

Hoy quiero compartir con ustedes parte de la historia de uno de nuestros residentes.

El primer día que lo conocí me dijo: “escribir me relaja” y en ese mismo momento noté como sus ojos se posaban en una libreta nueva que había sobre mi escritorio. Por supuesto, no lo dudé y se la ofrecí junto con un bolígrafo, para que cuando sintiera necesidad de expresarse pudiera hacerlo sobre el papel. Creo que, como psicóloga, lo hice con la esperanza de que ese material me sirviera para poder acceder más fácilmente a su “mundo interior”. Y no me equivoqué…

Un día después, me dijo que quería compartir conmigo lo que había escrito en su primera noche. Y desde entonces, cada semana, leo sus nuevos relatos y, a partir de ahí, comenzamos a trabajar.

Escribir se convirtió para este residente en una terapia. Escribir sus pensamientos, expresar sus sentimientos y narrar sus experiencias, le ayuda a aliviar aquellos “problemas” que lo afectan y a liberar tensiones. Algunas personas pueden desahogarse hablando de sus problemas con alguien; otras por medio de las lágrimas, pero él lo consigue tomando un papel y un boli.

Y no es necesario conocer ninguna regla literaria o gramatical para empezar a escribir lo que sentimos y desahogarnos por medio de lo que dejamos impreso en el papel. Lo único que se necesita es tener la valentía de escribir aunque al hacerlo nos duela y sintamos deseos de llorar. Ahí es exactamente donde la terapia toma lugar…

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