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19/10/2017



Publicado el 19 octubre, 2017 - 07:58h

El pasado mes de septiembre alrededor de unos 30 profesionales de 13 Equipos de Atención Psicosocial de la Fundación La Caixa asistimos a las jornadas de Espiritualidad celebradas en el Centro de Humanización de Los Camilos. Las jornadas pretendían un acercamiento a esta dimensión a través del Counsellling en la etapa final de la vida.

El tiempo de enfermedad se convierte en un momento propicio para el surgimiento de preguntas radicales en el ser humano. La fragilidad humana, la falta de control de tu propio cuerpo, y el sinsentido al que nos enfrentamos, conducen a experiencias que plantean las preguntas radicales ¿Por qué a mí? ¿Qué sentido tiene todo esto ahora que estoy tan mal?

El ser humano comparte con el resto de los seres vivos la dimensión biológica, e incluso aspectos de la dimensión social y psicológica,  pero la dimensión espiritual es propia y exclusiva del ser humano. Todo aquello intangible, no medible y con falta de respuesta o acción por nuestra parte nos genera malestar. .

Los profesionales tenemos dificultades para abordar el aspecto espiritual de los enfermos, provocando rechazo y evitación cuando tenemos que manejarnos con la experiencia de sufrimiento. La huida de las preguntas radicales del otro nos lleva a cuestionarnos nuestra competencia y nos recuerda nuestros límites y nuestra propia finitud.

Uno de los mecanismos de evitación ampliamente utilizados es la desviación a los recursos religiosos. Este reduccionismo conduce a una falta de responsabilidad cuando no tiene lugar la derivación profesional, ya que derivar implica una valoración inicial y detección de necesidades, que no es lo mismo que desviar.

Saber leer entre líneas en el discurso de un paciente, conocer las necesidades y vulnerabilidades de la persona, ayudar a construir de manera conjunta satisfactores que permitan aliviar el proceso doloroso. E incluso  facilitar el crecimiento y la trascendencia de la experiencia es posible si acogemos al otro en su dignidad.

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