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4 de Noviembre de 2017



Publicado el 12 noviembre, 2017 - 11:05h

El pasado 4 de noviembre tuvo lugar el inicio de la Escuela de Padres del cole de mis hijos. El curso anterior intenté asistir a todas las sesiones que de manera mensual se realizaron y que fueron impartidas por una psicóloga experta en familia. Este año se iniciaba el curso con el taller “El duelo y su afrontamiento”, un título que a nivel personal, me interesaba especialmente (por eso de la deformación profesional). Tenía curiosidad de participar por dos motivos: Uno, por el enfoque que se le iba a dar, y dos, por ver el número de padres que asistiríamos.

Respecto al primer motivo, decir que el taller cubrió totalmente mis expectativas. El objetivo fue ofrecer una idea realista de lo que es el duelo, para qué sirve, meditar sobre nuestros propios esquemas mentales y propiciar que nuestros/as hijos/as puedan vivir estas situaciones de manera adecuada. Fue participativo, experiencial y la docente supo crear un clima de confianza que propició el sacar mucho provecho de la parte más teórica. Se basó en el Manual de duelo infantil “Hablemos de duelo. Manual práctico para abordar la muerte con niños y adolescentes”, del que dejo el enlace donde se puede descargar.

http://www.fundacionmlc.org/actualidad/noticias/descarga-aqui-guia-duelo/

El segundo motivo me dejó más decepcionada. En un colegio donde están matriculados alrededor de 500 alumnos, de los cuales, pertenecen al AMPA (a falta aún de hacer el recuento total) unos 300 niños, fuimos 13 padres/madres (incluidos dos matrimonios), es decir, siendo muy optimistas, un 4% del total.

Desconozco los motivos de esta falta de asistencia (mal día, mala hora, el trabajo,…), pero esto me hace reflexionar acerca del camino que aún nos queda por recorrer para que, como contábamos en un una entrada al blog anterior, la muerte deje de ser un tema tabú.

Como padres tenemos la responsabilidad de educar y de formar personas en todas las parcelas de su vida y la muerte, queramos o no, forma parte inexorable de ésta. La cultura de la evitación del sufrimiento, de la no frustración, de lo bello,… hace que consideremos la muerte y las pérdidas, en general, como un tema prohibido. Las personas hemos interiorizado la muerte llena de connotaciones negativas, que incluyen emociones intensas como el enfado, la culpa, la tristeza… Eso, unido a la ausencia infinita de lo perdido, suele provocar que no se quiera hablar de este tema, que no se aborde cuando toca vivirlo, que se postergue, o utilicemos imágenes para no hablar con claridad.

Todo ello provoca en muchos casos, que llegado el momento, no afrontemos adecuadamente la pérdida y lo que se supone un proceso que nos permite adaptarnos a la vida sin la existencia de lo perdido. Se convierte al final en inadaptación, rumiación del dolor, dificultades en otras áreas de nuestra vida y problemas personales.

Somos el espejo en el que se reflejan nuestros hijos, mostrémosles pues, una visión completa de lo que significa VIVIR.

 

EAPS Córdoba

 

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