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9 de Abril



Publicado el 09 abril, 2015 - 15:48h

La residencia es una alternativa al hogar familiar cuando existen situaciones (familiares, socio-sanitarias, económicas, etc.) que desaconsejan la vida en el domicilio familiar.

La entrada en una residencia se suele dar después de un periodo emocional duro, conlleva ser consciente de las necesidades de la persona mayor y las del cuidador. Hay que luchar contra la culpabilidad asfixiante, los cambios familiares y todo acompañado con sentimientos de tristeza y afectividad importantes.

Es esencial el asesoramiento profesional, la elección de una buena residencia, el saber delegar y confiar en los profesionales preparados para el cuidado de la persona mayor.

Cuando se toma la decisión y se produce el cambio hay que estar preparados para el nuevo Periodo de Adaptación por el que se va a pasar. Dicho periodo conlleva, tanto para el familiar como para el nuevo residente, conductas y emociones de difícil manejo: desconfianza, negación, tristeza, conductas disruptivas, sentimientos de culpa. Periodo que se supera, y al final, dichas conductas y emociones se suavizan.

Ayuda a la adaptación al Centro que la persona mayor reconozca su nueva estancia con objetos personales, como por ejemplo fotografías familiares.

Poco a poco, y con la ayuda de los profesionales de su nuevo Hogar, el mayor se adapta a sus nuevas rutinas, a sus nuevos horarios y actividades, y a las personas que les rodean, los cuales les ofrecen cuidados y compañía.

Y con el paso del tiempo, el familiar también se relaja, observa que el delegar los cuidados ha sido para bien, que puede volver a cuidarse a si mismo y que ha tomado la decisión adecuada.

Nuestro principal objetivo es mejorar la calidad de vida de Nuestros mayores y de sus familiares.

María Blanco, psicóloga SARquavitae Micaela Aramburu

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