Ver todos los artículos

4 de Agosto



Publicado el 04 agosto, 2015 - 15:21h

“La muerte no existe, la gente sòlo muere cuando la olvidan; si puedes recordarme, siempre estaré contigo”
                                      Isabel Allende

La muerte y la vida son las dos caras de la misma moneda, inseparablemente unidas entre sí.
En ninguna otra situación como en la muerte de un ser querido, el dolor producido es total… Tras su pérdida duele el pasado, el presente y especialmente el futuro. Toda la vida en su conjunto, duele.

La muerte es la cesación o término de la vida, en el pensamiento tradicional es la separación del cuerpo y el alma. En algunas culturas es tratada con naturalidad, un renacer a una nueva vida. Los hindúes la contemplan con serenidad estando prohibido el llanto en la ceremonia de incineración.

El duelo es una respuesta emocional y física normal, aparecen la tristeza, la cólera, la sensación de culpa, la desesperación, la rabia…

Para llegar a la resolución del duelo hay que pasar por diferentes fases:
– Aceptar la pérdida
– Sentir el dolor. Los sentimientos deben ser canalizados.
– Aprender a vivir sin esa persona
– Recuperar el interés por la vida y por los vivos
– Finalizar el duelo. No se trata de olvidar, si no dar un sentido a lo vivido, entender que el amor no acaba con la muerte.

Es necesario expresar los sentimientos, comprender que la vida no se ha parado, la vida continúa con sus muchas y nuevas experiencias.
Soltar el dolor, abrirse a la vida.

Llegar a pensar en la persona sin sentir ese latigazo de dolor y poder recordarlo con ternura y agradecimiento.

Un camino duro y doloroso unido a la existencia humana.
María Blanco, psicóloga del Centro SARquavitae Micaela Aramburu

Comentarios: 0

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *



Ver todos los artículos