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09/02/2019



Publicado el 12 febrero, 2019 - 11:50h

Una semana más, celebramos  durante el fin de semana el Encuentro Intergeneracional entre alumnos del Colegio Obradoiro de A Coruña y la Residencia Matogrande.

Un grupo de alumnos de 2º de la ESO a los cuales ya conocemos, volvió a visitarnos la pasada semana con el objetivo de realizar diversas actividades lúdicas con nuestros mayores. La actividad resultó plenamente satisfactoria ya que contamos con la voluntad y motivación de los alumnos quienes trajeron una serie de ideas pensadas que entre todos llevamos a cabo.

El sábado, los alumnos prepararon un juego de mímica a través del cual nuestros mayores, a partir de una representación sin voz, debían adivinar un objeto o una persona oculta. A continuación, entre todos jugaron al popular juego de cartas “Uno”, cuyo objetivo es deshacerse de todas las cartas que se “roban” inicialmente, diciendo la palabra Uno cuando queda la última carta en la mano.

El domingo realizamos una dinámica con grupos de residentes más reducidos, en la cual alumnos y mayores se retaron a diversas partidas de parchís.

El objetivo de la actividad intergeneracional era mejorar la interacción y cooperación entre niños y mayores a través del intercambio de experiencias y conocimiento, ya que las actividades intergeneracionales son un mecanismo muy importante para superar posibles prejuicios intergeneracionales y favorecer el entendimiento entre diferentes grupos de edad. Gracias al contacto intergeneracional, los pequeños aprenden a valorar a sus mayores como fuente de sabiduría y experiencia y mejoran también sus habilidades sociales, especialmente la empatía y la tolerancia hacia lo diferente.

Entre todos conseguimos pasar una mañana de lo más divertida y amena, en la cual pequeños y mayores intercambiaron conversaciones, historias, cariño, risas y enseñanzas.

Beneficios de las actividades intergeneracionales

Los programas de actividades intergeneracionales tienen beneficios para ambos colectivos:

En primer lugar, los mayores experimentan, en el plano emocional, un aumento de su vitalidad, autoestima y sensación de ser todavía útiles para la sociedad. Se reducen también los sentimientos de soledad y aislamiento que en ocasiones se sufren durante la vejez. A nivel cognitivo, se produce una potenciación de la memoria, aumentan las oportunidades de aprender de los más pequeños y se potencian las habilidades sociales y la empatía.

A su vez, los niños que interactúan con las personas de edad se forman una idea más positiva y no estereotipada de las personas mayores y del envejecimiento y tendrán menos dificultades para entenderlos. Cuanto mayor sea el contacto entre niños y mayores, mayor será el conocimiento mutuo y percepciones reales y no sesgadas entre generaciones.

Además de estos beneficios para todas las generaciones implicadas, se produce también un intercambio de experiencias y transmisión de tradiciones y cultura popular y un aprendizaje por parte de los más pequeños de la historia y tradiciones de su localidad.

Gracias una vez más por contar con nuestros mayores, y ¡hasta la próxima!

Beatriz Rivas

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