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02/04/2019



Publicado el 02 abril, 2019 - 18:17h

Hasta las instalaciones de nuestro centro se desplazó un equipo del periódico HOY Extremadura, con el fin de entrevistarse con varios residentes, para recopilar algunas anécdotas y recuerdos del fin de la Guerra civil.

Ayer se cumplían 80 años de este hecho y nuestros residentes, DomusVi Ciudad de Badajoz, lo recuerdan así;

«El mismo día que acabó la guerra empezó el hambre en Badajoz», dice Ramón Díaz, que nació en 1929 y está a pocos días de cumplir 90 años. Se mueve en una silla de ruedas pero su memoria no le falla. «Recuerdo las banderas y los vivas a Franco por las calles aquel 1 de abril», apunta este pacense que tenía nueve años en aquel momento y vivía junto a sus padres en la calle Menacho.

Aquellos que vivieron la posguerra relacionan la falta de alimentos con las cartillas de racionamiento que llegaron cuando cesaron los bombardeos y los combates. Los cupones que había que entregar para recibir diferentes productos o las largas colas para llenar el cubo de carbón son referencias que hacen asentir a todos los que vivieron los primeros años de la dictadura. «Las raciones eran escasas y había que buscar más comida por otros medios», en palabras de María Isabel Antequera, de 91 años.

Así, en los lugares más próximos a la Raya se extendió el fenómeno del estraperlo. Mucha gente pasaba al país vecino para conseguir allí lo que no había en España. «Con once años iba con una vecina a Portugal, atravesábamos el Caya con el agua por las rodillas para traer de todo; recuerdo que me metía el café en las perneras del pantalón y luego se vendía aquí», ejemplifica Ramón Díaz sobre esos viajes.

Más allá de los alimentos, había otras muchas necesidades, como la ropa, el calzado o los utensilios de cocina, que debían ser reparados. «¿Quién remienda ahora? Antes había que arreglar todo para seguir usándolo», manifiesta Concha Muñoz, que nació en Minas de Río Tinto, pero pasó por muchos lugares de España antes de recalar en Badajoz. Su padre era guardia civil y eso hizo que comprobara que las necesidades eran comunes en casi todas las provincias. La obligación de darle más usos a sus pertenencias la cuenta entre risas Bernardo Ruiz. «Cuando yo me fui a trabajar al País Vasco nos decían ‘pantalón de pana y remiendo en el culo, extremeño seguro’», comenta este natural de Alburquerque de 92 años que pasó en su pueblo la etapa de la guerra.

  • Podéis leer la entrevista al completo a través del siguiente enlace;

Varias extremeños hacen memoria para recordar el fin de la contienda, del que hoy se cumplen 80 años

 

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