Ver todos los artículos

09/02/18



Publicado el 15 febrero, 2018 - 23:44h

En nuestro taller de lectura, vivimos la leyenda de “Los amantes de Teruel” (más conocida como los Romeo y Julieta españoles)  con posterior debate y diversas actividades en las que nuestros mayores contrastaron la vida de antes y la vida actual, costumbres, tradiciones y la manera de vivir.

Historia

Corría el siglo XIII cuando Juan Diego Martínez de Marcilla e Isabel de Segura, dos jóvenes enamorados desde la infancia, buscaban el momento oportuno para contraer matrimonio. Al igual que muchas tragedias románticas, ella ocupaba el cargo de rica heredera. Mientras que él apenas poseía dinero en sus bolsillos. Ante una diferencia tan clara en su condición social, la familia de Isabel dio un margen de cinco años al muchacho para conseguir hacer fortuna.

Para cumplir el pacto, don Diego marchó a la guerra. Pues por aquel entonces esta era la única salida a tan complicado problema. Sin embargo, el tiempo pasó sin noticias del enamorado, que se mantenía ocupado logrando su objetivo. Isabel nunca dejó de pensar en él, un sentimiento recíproco por parte del joven de Teruel. Una larga espera que sí terminó por impacientar al padre de la muchacha. Este decidió planificar el enlace de su hija con un hombre de noble casta y poder sin igual: don Pedro de Azagra.

Poco antes de anunciar el desafortunado casamiento, Juan Diego de Marcilla ya partía rumbo a Teruel con la fortuna amasada. Cuál fue su sorpresa cuando al cruzar a caballo las puertas de la ciudad un lugareño se acercó para informarle del flamante matrimonio de su querida Isabel. Desesperado e incrédulo ante la situación, el joven corrió hasta el hogar de la nueva pareja. Como si de una furia se tratara, entró en los aposentos de la novia y le pidió un beso de amor. Un gesto que ella rechazó por su nuevo estado. Pues sobre todas las cosas, Isabel era una mujer decente.

Diego falleció de amor ante el dolor. Durante el funeral,  Isabel se acercó al cuerpo de su amado y le cedió el beso que le había negado en vida. En ese preciso instante, la joven cayó también muerta sobre el cuerpo de don Diego. Al conocer la historia de su desafortunado romance, las dos familias decidieron enterrarlos juntos. Para que así pudieran descansar en paz durante toda la eternidad. Como ellos siempre quisieron. Desde entonces, en España se les conoce como los Amantes de Teruel.

Sus restos se encuentran hoy en día en el Mausoleo de los Amantes, anexo a la iglesia de San Pedro de Teruel. Algunas fuentes aseguran que los cuerpos enterrados no pertenecen a Diego Isabel y Diego. Sin embargo, también es muy probable que las fechas exactas se confundieran con el paso de los años.

Comentarios: 0

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *



Ver todos los artículos