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01/10/18



Publicado el 01 octubre, 2018 - 21:53h

El otro día estuve pensando en la palabra “VIEJO”…y llegué a la conclusión de que, aunque es una palabra que viene en el diccionario, no debería de existir porque es muy fea y denigrante, sobre todo en lo que se refiere a las personas. Una persona no es vieja porque tenga a lo mejor 90 años o incluso más; es simplemente mayor y una auténtica privilegiada, siempre claro que su salud se lo permita, porque también hay jóvenes de 15 años que son mucho más viejos que los de 90, por lo menos anímicamente o incluso en la forma de ver la vida. Porque vamos a ver, una persona mayor aporta experiencia, sabiduría, y también alegría. Sí, alegría, porque la alegría no es cuestión de edad, esa se lleva en el corazón así tengas 1000 años. Y no hablemos de la sonrisa de una persona mayor porque ahí tenemos una cosa maravillosa que son los recuerdos buenos y lógicamente los malos, pero siempre o casi siempre procuramos acordarnos de lo bonito, de lo positivo, aquello que nos alegra el corazón y nos hace rejuvenecer con tan sólo contarlo.

Hay una frase que dijo el Papa Francisco con la que yo coincido totalmente y dice así: “Los niños y los ancianos construyen el futuro de los pueblos. Los niños porque llevarán adelante la historia; los ancianos porque transmiten la experiencia y la sabiduría de su vida. Esta relación, este diálogo entre las generaciones es un tesoro que tenemos que preservar y alimentar”.

Después de este breve inciso, me gustaría decir que en esta sociedad en la que nos tocó vivir, somos muchísimas las personas mayores que nos levantamos con ilusión, con ganas de vivir nuevas experiencias, nuevos retos y sobre todo con ganas de aportar muchas cosas necesarias.

La sociedad se equivoca con nosotr@s, sobre todo cuando nos miran con esa cara de “condescendencia”; como si les diéramos pena… “¡pobre es mayor!”piensan algun@s.  Sin embargo no somos mayores para otros muchas cosas en las que sí interesamos y nos utilizan, como por ejemplo para ejercer de abuelos-cuidadores o para votar cuando hay elecciones. Sin embargo no se paran a pensar en lo que a nosotros realmente nos importa, nos interesa o nos preocupa. Una de ellas, quizá la más importante, sería vivir ahora, en nuestra madurez y senitud, una vida digna y que por desgracia no todos pueden llevar. Así que de nada sirve que nos hablen de nuestra calidad de vida y de nuestros derechos si a la hora de la verdad no se hace nada para mejorarla, porque aunque les parezca que somos “algo viejo”, somos seres humanos que tenemos mucho y repito MUCHO que aportar en muchas facetas de la vida.

Y termino con esta frase que me encanta y que lo dice todo: “La calidad de una civilización se juzga por cómo se trata a los ancianos, y por el lugar que se les reserva en la vida en común”

#diainternacionaldelaspersonasmayores#DomusViFerrol#muchoquedecirmuchoqueaportar#

Por Chiruca Bernárdez, residente de DomusVi Ferrol

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