Ver todos los artículos

21 de setembre de 2018



Publicado el 27 septiembre, 2018 - 09:21h

El 21 de septiembre fue el día mundial del Alzheimer, actualmente una de las enfermedades más temidas y extendidas.

Es una enfermedad neurodegenerativa en la cual se pierden progresivamente las facultades mentales: comienza con pequeños olvidos -“¿qué tenía que comprar?” “¿qué iba a decir?”- y leves desorientaciones -“¿por dónde se volvía a casa?”- y, poco a poco, la persona empieza a cambiar su comportamiento, a ser más hostil, más apática, y pensamos: “que rápido se enfada el abuelo últimamente”, “mamá no era así, hace un tiempo se mostraba más comprensiva”. Pero no le damos demasiada importancia, ya que todos pasamos por momentos difíciles que nos hacen no prestar tanta atención a las cosas y, por lo tanto, tener pequeños fallos de memoria y estar de mal humor. Sin embargo, es en la segunda fase cuando saltan las alarmas: afasias -dar mil rodeos al explicar un hecho, no saber expresarse bien, no acordarse de las palabras-, pérdida de funciones aprendidas -“hoy el abuelo se ha puesto el jersey debajo de la camiseta”, “se está comiendo la carne con la cuchara” y agnosias -“¿y esto que es?” “¿para qué sirve?”, “este señor que me está hablando por la calle como si me conociese, ¿quién es?”- aunque en esta fase, en general, la orientación personal sigue conservada y la persona sabe su nombre, su edad, el lugar de nacimiento y es capaz de explicarte su vida, ya que la memoria a largo plazo sigue conservada, aunque a veces se invente historias –fabulación.

Tengo que remarcar en esta fase, realmente preocupante, los rasgos psicóticos que presenta la persona: ver gente la cual no existe, escuchar ruidos que nadie oye, creer que alguien quiere robarle el dinero, preguntar por personas que ya no están entre nosotros… y el afectado comienza a depender cada vez más del cuidador, hasta la fase en la que los síntomas cerebrales se agravan: la abuela ya no conoce a sus nietos, no se reconoce ni a ella misma al mirarse en el espejo. Y es que nos da la sensación que esa persona ya no es ella, que ha desaprendido todo lo que le ha costado una vida entera aprender, que ya no queda nada en ella… no sonríe, no habla, no camina…

Pero algo queda, tenemos que estar seguros que no se puede perder todo, que una persona está formada por un cuerpo, un cerebro y un alma, y que cuando el cerebro ya no es capaz de hacer funcionar al cuerpo queda el alma. Así, la persona afectada sigue amando, sigue sintiéndose amada cuando se la cuida, aunque no reconozca se siente a gusto a tu lado, el no poder hablar no implica no sentirte cerca. Merecen un trato especial, merecen que estemos a su lado hasta el último suspiro, porque mientras estés con ellas van a ser felices, aunque no hablen, aunque no sonrían. Se merecen todo el amor que puedas darles, todo el amor que dieron ellas durante una vida, se merecen saber que estás con ellas, que seamos pacientes, que por nada del mundo les abandonemos.

Así, vamos a dedicar un día a recordar a todas esas personas que se fueron, y a reflexionar sobre cómo estamos cuidando y tratando a las que siguen con nosotros. El 21 de Septiembre nos concienciamos, pero se merecen nuestro amor todos y cada uno de los días del año.

 

Comentarios: 0

Responder


Ver todos los artículos