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11/09/2018



Publicado el 11 septiembre, 2018 - 15:30h

El ser humano es un ser racional, es decir, es un ser que piensa, tiene una lógica y posee la capacidad de reflexionar para tomar decisiones. Pero además del plano racional, el ser humano también está marcado por su parte afectiva que remite a los sentimientos del corazón.

El psiquiatra Enrique Rojas, en su libro “Los lenguajes del deseo”, define así la afectividad: “Es el modo en que somos impactados por las circunstancias que se producen a nuestro alrededor. Es en la intimidad de la persona donde esto resuena, en la sacralidad de cada uno. La afectividad es un universo emotivo formado por un sistema complejo de sentimientos, emociones, pasiones, motivaciones, ilusiones y deseos”.

El hecho de vivir en sociedad y establecer relaciones con los demás, implica inevitablemente una serie de necesidades sociales, disponer de una red de personas, amigos, compañeros, con las que comunicarnos, evitando el aislamiento y la soledad.

Las relaciones sociales, las amistades, el amor de pareja, la familia y el compañerismo cubren las necesidades afectivas de un ser humano a través de los momentos compartidos en común, el feedback constante y las palabras de afecto.

Un importante problema, cada vez más frecuente, es el de la soledad emocional y afectiva de los mayores, de ahí la necesidad de fomentar y cultivar los vínculos afectivos y el apego entre los propios mayores y entre éstos y sus familiares.

Si la afectividad es fuente de bienestar emocional para todas las personas, en los centros residenciales es fundamental promover estos espacios de relación, fomentar vínculos de afecto y estimular las relaciones entre las personas mayores. Y por supuesto, aceptar que ellos también tienen necesidad de intimidad y de contacto físico (tocar, abrazar, besar…etc.), lo que contribuye a que se sientan bien emocionalmente.

No hay duda de que gracias a los avances de la medicina y a la promoción de la salud las personas han ganado en calidad de vida y longevidad, pero es importante poner más esfuerzos en garantizar una vida activa, equilibrada y saludable para las personas mayores, donde se cuide también su bienestar emocional.

 

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