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9 de Julio de 2018



Publicado el 09 julio, 2018 - 19:15h

Hace un par de semanas, por un tema formativo, estuve en Málaga. Cuando acabé las clases y mientras iba en busca de mi familia, un abuelo con su nieta me paró para preguntarme si sabía dónde estaba el Museo de la Imaginación. “No lo sé”, les dije y siguieron hacia adelante, en sentido contrario al que yo llevaba. Al principio, mi mente enrevesada, creyó que era una demostración de ese abuelo a su nieta, de cómo los adultos perdemos la imaginación/creatividad cuando crecemos  y pensé que tenía que haber dado una respuesta un poco más ingeniosa, del tipo “El museo está aquí” (señalando mi cabeza), aunque ahora que lo leo tampoco es que fuera una respuesta demasiado original…. El caso es que me picó la curiosidad y no pude evitar buscar en internet. ¡¡Voilá!! Existía el Museo de la imaginación, estaba cerquita de donde nos alojábamos y estábamos en hora para visitarlo. No podíamos dejar pasar la oportunidad.

Justo cuando llegábamos, salían de visitarlo el abuelo con su nieta. Intercambiamos algunas palabras y entramos.

Es un museo interactivo, donde predominan fundamentalmente las ilusiones ópticas. Algunas de ellas ya las conocía de Psicología, pero me sorprendió especialmente una, “El Efecto Jastrow”.

En la imagen, las dos piezas son idénticas aunque la inferior parece más larga. El efecto se produce porque realmente las dos piezas no están situadas justo una debajo de la otra, sino siguiendo su lado oblicuo, con lo que la de abajo está desplazada a la derecha. También contribuye al efecto el hecho de que el lado inferior sea más corto, ya que en la comparación directa de las dos piezas la de abajo parece más larga. Os dejo un vídeo donde podéis ver este efecto.

https://www.youtube.com/watch?v=w8Zz05t19dg

¿Qué por qué cuento todo esto? Porque de repente, vivenciando esta ilusión, en la que hubiera jurado y perjurado que una de las piezas era más grande que la otra, conecté con la importancia de acercarnos a la realidad del paciente, su verdad, que debe ser siempre el punto de partida de cualquier intervención que hagamos. A veces escudándonos en la objetividad profesional, nos alejamos del paciente más que acercarnos, al querer (evidentemente para ofrecerle una visión de la situación que le haga sufrir menos y con la intención de ayuda) hacerle ver que las cosas son de otra manera… ¿y quién me dice a mí que no estoy bajo el efecto de una ilusión óptica?

Tener conciencia de que la realidad de uno no es la única, de que las cosas no son siempre como parecen, implica dudar de uno mismo, pero también facilita el no ser rígido y tiende la mano al otro, le da valor a lo que piensa, siente o dice, respetándolo…. Tiene que ver con la capacidad de empatizar, de ser flexible, de estar al lado del/la paciente, que se sienta comprendido/a y que “realmente”  sea el/la protagonista de su propia historia.

“Si se ve real, y se siente real, ¿Crees que importa si es real?” (Daniel Nayeri)

 

EAPS Córdoba

 

 

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