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03/08/2016



Publicado el 05 agosto, 2016 - 08:42h

La desestabilización del balance hídrico (relación entre los líquidos que entran y los que salen del cuerpo) puede provocar deshidratación y golpes de calor.Las personas mayores son más sensibles al calor como consecuencia de diferentes causas fisiológicas derivadas de la edad. Alguno de los factores que pueden provocar este desequilibrio son la dificultad de movimiento, que da lugar a sedentarismo y obesidad; existencia de enfermedades crónicas que dificultan la sudoración; y el consumo de algunos fármacos.

Esta falta de equilibrio puede derivar en problemas graves como la deshidratación leve, el agotamiento, o los golpes de calor que cursarán con mareos, fiebre, vómitos y confusión, y que en personas de edad avanzada incrementan de forma notable sus consecuencias.

La ingesta de líquidos es muy importante en esta época. Las personas mayores de setenta años tienden a perder la capacidad de sentir sed, por este motivo es imprescindible que los familiares y cuidadores estén continuamente atentos a su ingesta de líquidos. “Se deben ingerir entre 2 y 3 litros de líquidos al día. Aunque no se tenga sed, se debe establecer como rutina beber líquidos en pequeñas cantidades repartidas a lo largo del día.  Esta pauta se debe incrementar en 250 ml en los casos de extremo calor”, aconseja Josep Pascual, Director Técnico Asistencial de SARquavitae.

Otro de los aspectos a tener en cuenta es el establecimiento de nuevas pautas en la rutina diaria de las personas mayores destinadas a hacer frente al calor. “Se deben modificar las rutinas y establecer horarios en función de las horas de calor, evitando así estar en la calle en los horarios con las temperaturas más elevadas. La dieta también debe ser adaptada e incluir alimentos ricos en líquidos que eviten la deshidratación como verduras y hortalizas en forma de cremas y gazpachos que facilitarán su ingesta”, explica Nekane Cárdenas, Nutricionista de SARquavitae.

Además, se debe prestar especial atención a los medicamentos. Muchos de ellos pueden perder sus propiedades al someterse a temperaturas elevadas. Por este motivo, deben guardarse en lugares con temperaturas moderadas que aseguren su correcta conservación.

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