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19 de febrero de 2019



Publicado el 19 febrero, 2019 - 09:25h

Buenas tardes, ésta semana y desde el departamento de fisioterapia vamos a explicar desde el punto de vista físico en qué repercute esta enfermedad como es la del Alzheimer en nuestros mayores, y la importancia por tanto de la fisioterapia en este sector no solo para beneficiar al aparato locomotor sino para ralentizar el deterioro cognitivo.

Quiero puntualizar que esta enfermedad no avanza en todas las personas por igual y en una misma fase podemos encontrar a dos personas con características diferentes, ya que cada persona es distinta al igual que las enfermedades.

Primera fase o fase leve

Uno de los síntomas que caracteriza a la enfermedad de Alzheimer es la apatía y la tendencia al sedentarismo que favorece el inmovilismo y puede acelerar el deterioro físico. En algunas ocasiones, en esta fase comienzan las alteraciones en el control postural y en el patrón de marcha, como pueden ser la disminución o ausencia del braceo, leve rigidez, paso ralentizado, etc.

Segunda fase o fase moderada

Empiezan a necesitar más o menos ayuda para realizar algunas actividades de la vida diaria (alimentación, vestido, aseo…), y comienzan a aparecer alteraciones físicas como:

  • Atrofia y debilidad muscular.
  • Rigidez articular con disminución de la movilidad.
  • Alteraciones del equilibrio y la coordinación.
  • Alteraciones de la marcha: ritmo lento, pasos cortos con arrastre de pies, discontinuidad en el paso, disminución o ausencia de braceo, balanceo marcado de tronco, inestabilidad y falta de equilibrio, y aumento de la base de sustentación.
  • Alteraciones del control postural: lateralizaciones, flexión o extensión del tronco y flexión de cabeza y cuello.
  • Dolor al inicio del movimiento y fatiga al esfuerzo.

La pérdida de independencia al necesitar supervisión o ayuda en la deambulación y transferencias y el miedo a las caídas, aumenta la apatía y por tanto la inmovilidad, disminuyendo la iniciativa para caminar, y favoreciendo la aparición de otros problemas como las úlceras por presión.

Tercera fase o fase severa

Se agudizan los signos neurológicos, observándose mayor rigidez, hiperreflexia y espasticidad, también pueden aparecer reflejos arcaicos y signos piramidales. El trastorno de la marcha provoca que las fracturas y caídas sean frecuentes, el control motor se vuelve inestable y aparece agitación motora.

Son característicos en esta fase, la pérdida del control de tronco, que provoca inclinaciones y deslizamientos en sedestación, y la alteración grave del equilibrio y la marcha, aumenta la rigidez articular, aparecen deformidades y acortamientos debido al mantenimiento de la postura en flexión, hay mayor fatiga al esfuerzo y dolor al inicio de los movimientos y pueden ir asociados problemas circulatorios.

Todo esto se traduce en una mayor pérdida de independencia, precisando gran ayuda para deambular y realizar las transferencias, así como para la mayor parte de las actividades de la vida diaria; ocasionalmente pueden necesitar el uso de medidas de contención para un mejor manejo postural o prevención de caídas.

                                                                                                              Elisabet Cruz Varela (fisioterapeuta)

 

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